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viernes, 15 de abril de 2016

Cuatrocientos años de la fusión de la Esperanza de Triana


1616 – 2016: Cuatrocientos años de la fusión entre las hermandades del Santísimo Cristo de las Tres Caídas y Nuestra Señora de la Esperanza 





El 27 de marzo de 1616 y “por mandato del Señor Provisor” se fusionaban las corporaciones del Santísimo Cristo de las Tres Caídas y Nuestra Señora de la Esperanza, ambas radicadas en Triana; la primera en el Convento de las Mínimas y la segunda, en el del Espíritu Santo. Apenas dos semanas después, el 15 de abril, el provisor Gonzalo del Campo aprobaba la primera regla de la recién creada cofradía. Estos extremos pueden comprobarse documentalmente ya que en el Archivo General del Arzobispado de Sevilla se conserva dicho expediente (Sección Hermandades, legajo 95).
      La Esperanza de Triana bajo su primer palio y en Sacra Conversación 




La Hermandad del Santísimo Cristo de las Tres Caídas había sido fundada pocos años antes, el 4 de marzo de 1608, por el clérigo Francisco de Lara. En origen, el título de la hermandad era “Exaltación e Invención de la Cruz y Nuestra Señora de la Salud”; pero ante las protestas de otras corporaciones ya intituladas así, pasó a llamarse después del correspondiente pleito “de las Tres Caídas que dio Cristo Nuestro Señor”. La imagen mariana también cambió su advocación pasando a denominarse Nuestra Señora de los Dolores. Este cambio operado el 20 de marzo de 1608 marcaría pues, el punto de partida de esta corporación, que en sus pocos años de existencia radicó siempre en el Convento de Nuestra Señora de la Salud de monjas mínimas de Triana. 
Por su parte la Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza era mucho más antigua, existen referencias históricas de su fundación en el año 1418.

   Antiguo paso de misterio del Stmo. Cristo de las Tres Caídas por Pagés del Corro



Una vez fusionadas las dos corporaciones, se residiría en el Convento del Espíritu Santo, donde en 1676 tuvieron capilla propia merced al acuerdo alcanzado con los religiosos. En 1735 y ante la decadencia del convento y orden del Espíritu Santo, los hermanos deciden trasladarse temporalmente a la parroquia de Santa Ana, mientras buscan un lugar adecuado para labrar su propia capilla.
Las circunstancias históricas adversas propiciaron que hasta 1758 no consiguieran adquirir unas casas en la antigua calle Larga, hoy Pureza, para levantar allí su ansiada sede. Todavía se dilataría en el tiempo su construcción acuciada por la falta de medios económicos y las calamidades que sufrió la ciudad a finales del siglo XVIII y principios del XIX (epidemia de fiebre amarilla e invasión francesa). Finalmente, en 1815 se inauguró el templo donde en sencillos retablos colocaron sus imágenes titulares. 


Antiguo paso de misterio del Stmo. Cristo de las Tres Caídas 



Poco tiempo disfrutarían los hermanos de la corporación su nueva sede, por cuanto que en 1868 le fue incautada por el gobierno su capilla, comenzando una dura etapa de decadencia en la que se residió en la iglesia de San Jacinto. Con todo, un reducido grupo de hermanos y devotos consiguió mantener la vida de hermandad, referida sobre todo a los cultos de regla.
Hacia los años 20 del siglo XX, la corporación resurgió de sus cenizas, comenzando una etapa de expansión de su devoción. Así sabemos que la Virgen de la Esperanza salió extraordinariamente en diversas ocasiones. Tras el paréntesis de la Guerra Civil, en que las imágenes titulares no sufrieron daño alguno afortunadamente, se logra recuperar la primitiva capilla de la calle Pureza, al adquirirla a su propietario en 1940. Sin embargo, y como sucediera antaño, la reconstrucción de la misma (muy deteriorada por los variados usos de almacenaje que había tenido) se extendió en el tiempo, no pudiendo volver la Hermandad a la misma hasta el Viernes Santo de 1962.
                                La Esperanza de Triana



Desde aquel lejano día de marzo de 1608 hasta el presente, muchas son las vicisitudes que esta histórica y centenaria corporación ha pasado. Es por tanto, motivo de júbilo y de acción de gracias a Dios, Nuestro Señor, poder celebrar cuatrocientos años de devoción continuada; acción de gracias dirigida también a esos hermanos desconocidos que nos antecedieron y supieron custodiar en medio de las dificultades y calamidades más espantosas la devoción y el amor al Stmo. Cristo de las Tres Caídas y a Ntra. Sra. de la Esperanza.















 Fuente: Amparo Rodríguez Babio
Imágenes: Banco de imágenes de Google

martes, 2 de diciembre de 2014

#TalDíaComoHoy nace el Puente del V Centenario

Tal día como hoy, 1/12/1988 nace en Sevilla el Puente del V Centenario. O también conocido para otros como "Paquito" por su más que parecido con el "Golden Gate Bridge" (para los más jóvenes o publicistas, el puente de Mapfre).
Sin duda alguna José Antonio Fernández Ordoñez y Julio Martínez Calzón llevaron a cabo la para mí, (y para muchos sevillanos) gran infraestructura desastrosa de la ciudad. Sin contar otras muchas del 92'.
Dicho puente fue pensado y así construido para cruzar el río Guadalquivir uniendo la SE-30. Formado por dos carriles fijos para cada sentido de la marcha y uno alternativo. Aunque a mitad de construcción llegaron informes avisando de la fatalidad que vendría décadas más tarde al multiplicarse el tráfico en la ciudad y atascar dicho puente. Cosa que en nada se equivocaron. Pero claro, ya no había marcha atrás.
Las obras finalizaron en su fecha prevista para que estuviese todo a punto de cara a la Exposición Universal del 92'.

jueves, 13 de febrero de 2014

#TalDiaComoHoy muere el Compositor Pedro Braña

#TalDiaComoHoy en 1995 muere en la localidad asturiana de Salinas Pedro Braña, compositor y director de la Banda Municipal de Sevilla durante 28 años. Concretamente entre 1944 y 1972.



Pedro Braña nace un 5 de Febrero en Candás, Asturias. Se forma hasta 1926 pasando por Gijón, Madrid y Turín hasta 1930 que es cuando se instala en Madrid para comenzar a componer obras para el mundo del cine. Componiendo obras como "Trece Onzas de Oro", "Sol en la Nieve" y un largo etc...
También es cierto que compuso obras musicales en el Teatro Musical como "Mate al Diablo".

Pedro Braña aparte de la dirección de la Municipal de Sevilla, también lleva a cabo una elogiosa labor musical fundando la Coral Sevillana, la cuál también dirige. Con ella gana menciones, medallas de honor y premios. Entre ellos destacan algunos como el Diploma de honor del Consejo General de Cofradías, Encomienda de Alfonso X "El Sabio", Titulo de Hijo Adoptivo de la Ciudad y un largo cúmulo de premios.

En 1973 se jubila y pasa el resto de su vida en Gijón, donde compone sus últimas obras como la Obertura de la Expo 92´. 
Pedro Braña muere el 5 de Febrero de 1995. Meses más tarde, exactamente el 30 de Septiembre, la ciudad de Sevilla le otorga en conmemoración suya una calle del barrio de Nervión.



El maestro, compositor y director D. Pedro Braña aparte de sus numerosas obras sinfónicas, tiene un extenso patrimonio musical cofrade. Dedicando la inmensa mayoría a los titulares de muchas Hermandades sevillanas, contando entre muchas de ellas algunas como:

-Coronación de la Macarena
-Virgen del Socorro
-Ntra. Sra. de la Merced
--Virgen Dolorosa
-Madre de Dios de la Palma
-Ntra. Sra. del Patrocinio 
-Cristo de la Expiración
-Ntra. Sra. de la Encarnación 
-Marcha de Cofradía nº7
-Jesús de Pasión 
Y un largo etc...

lunes, 13 de enero de 2014

#TalDiaComoHoy muere Catalina de Ribera

El 13 de Enero de 1505 muere en Sevilla Catalina de Ribera. 
XVII Señora de la Casa de los Rivera y IV Condesa de los Molares, fue una ilustre sevillana, nieta de Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana e hija del III Adelantado Mayor de Andalucía Afán de Rivera, I Conde de Los Molares y de María Hurtado de Mendoza y Figueroa.
Contrajo matrimonio con Pedro Enriquéz de Quiñones, I Señor de Tarifa y IV Adelantado Mayor de Andalucía en 1474. 
Fruto del enlace nace Fadrique Enríquez de Rivera y Fernando Enríquez de Ribera.


A finales del S.XV inicia la construcción de la Casa de Pilatos. El gran palacio consta de 10.000 m². Aunque su finalizacíon llegue de las manos de su hijo Fadrique. Según la tradición, se le debe la denominación a causa de su peregrinación a tierra santa.


Tiempo antes, en 1483 adquirieron el Palacio de las Dueñas. Adquisición que tienen que vender para poder pagar un rescate.
Catalina de Ribera fallece el 13 de Enero de 1505 y aunque sus restos reposaron en el Panteón de Sevillanos Ilustres de la Iglesia de la Anunciación se encuentran en el Monasterio de la Cartuja de Samta María de las Cuevas.


En el 1500 funda junto a su hijo Fadrique el Hospital de las Cinco Llagas. En 1540 se traslada por resultar insalubre el emplazamiento (en la C/Santiago), al norte de la ciudad de Sevilla.El hospital está en funcionamiento hasta 1982. Ya en 1992 pasa a convertirse en sede del Parlamento de Andalucía.


Como homenaje, en 1898 el ayuntamiento de Sevilla nombra el Paseo del Pino como Jardines de Catalina de Ribera (Junto a los Jardines de Murillo).






                                                             Foto via @Sevillanadas


sábado, 21 de diciembre de 2013

#TalDiaComoHoy Antonio Susillo

Para la época, el misterioso suicidio de Antonio Susillo (Sevilla, 16 de abril de 1855 – 22 de diciembre de 1896) fue como el tiro que se descerrajó Larra por desamores: una conmoción nacional. No fueron los 27 años de Fígaro, seudónimo del periodista madrileño, pero sí contaba el artista sevillano con unos tempranos 41 cuando se quitó la vida en el silencio de una tarde escogida. En retrospectiva parece la muerte precoz de una vida precoz, el obituario novelesco de un hombre cuya existencia no fue ordinaria. Siendo con todo una persona corriente, fue bendecido con un talento extraordinario y con una fortuna que, desde temprano y con todo mérito, vino a buscarle a la puerta de su casa.

“¿Quién es ese Susillo…?”

Antonio Susillo procedía de una familia de buenos comerciantes. Su padre era tonelero y estaba vinculado al negocio de la aceituna. No en vano vivían muy cerca de la Alameda de Hércules y del cercano mercado de Feria. La familia poseía una posición próspera, por lo que la historia del brillante Antonio no es la del artista paria que florece de la nada. Pese a la voluntad paterna, el chico caminó desde temprano por direcciones distintas a las previstas. Fue artista madrugador e hizo desde niño dibujo y carboncillo y modelado de figuritas de barro en la misma puerta de su casa, imágenes religiosas hechas con tierra de lluvia y secadas al sol del valle del Guadalquivir. Impresionó desde el principio. Siempre según la historiografía asentada, no trufada de cierta leyenda, Susillo era solo un chiquillo cuando la duquesa de Montpensier,María Luisa de Borbón, cruzóse con el puestecito del joven Antonio, quedando tan impresionada por su talento y su precocidad que se ofreció entusiasta a pagar los primeros estudios del chico. Desde entonces lo tuvo bajo su mirada y ambos se brindaron provechosa amistad hasta la muerte del escultor. Comenzaba a brillar la gran estrella de Susillo.

La parte menos extraordinaria de su historia temprana, probablemente más veraz, viene a continuación. El pintor local José de la Vega oye hablar de él y lo acoge como su aprendiz cuando el chico apenas cuenta la mayoría de edad. En su taller personal le enseñará todos los rudimentos básicos del modelado y las artes plásticas hasta convertirlo en un profesional con la instrucción necesaria. Pero por entonces Susillo tenía más obligaciones que atender. Bien pasados los veinte años y en plena disposición personal, Antonio aún no se dedicaba por completo a su arte. Continuaba a la vera de su padre ayudando en el negocio familiar, y tendría que vencer notable resistencia para lograr la libertad para sus asuntos. De la Vega lo animará a presentarse a algunos certámenes locales para reforzar su nombre y su posición. Los buenos resultados y distintos reconocimientos que obtendría lo convencerán en su empeño profesional, doblegando finalmente la resistencia de su padre y sellando su destino inmediato. Era 1880. Se acomodó en un pequeño taller en su propia casa, apenas un cuarto en el patio del almacén de aceitunas, y comenzó a desarrollar sus creaciones. Desde entonces nunca le faltaría trabajo.


La actividad de Susillo era constante. Bajorrelieves y estatuas de estilo clásico protagonizaban sobre todo su producción. Se emplea generoso y populariza sus obras, hasta que en 1883 volverá a visitarle la fortuna. La reina madre Isabel II se presenta en su taller para conocer la obra de Antonio. Parece probable que la intervención de la Infanta María Luisa, que conoció al escultor hacía algunos años, fuera relevante para que se diera el encuentro. La reina aprovechará su visita para comprar alguna pieza del taller de Susillo y para tomar buena nota de las señas de aquel pujante escultor sevillano. Particularmente, el príncipe ruso Romualdo Giedroyc, acompañante de la reina aquel día, se manifiesta muy admirado de su trabajo y decide invitarle a viajar a París para realizar algunos trabajos, y no solo eso, propiciar su entrada en la École de Beux Arts de la capital francesa como alumno extranjero. Ese mismo año Susillo se trasladará a Francia para completar su formación artística y expandir también sus relaciones profesionales, extraordinariamente fecundas y provechosas desde entonces, siempre en línea ascendente.

El florecimiento de Antonio es fulgurante. Ya por esas fechas se preguntaba el periódico regional La Andalucía: “¿Quién es ese Susillo, que con tanta fortuna da sus primeros pasos en el difícil camino del arte?” Regresa a Sevilla pero marcha poco después a Roma, merced a una beca municipal de estudio que le concede el ayuntamiento. Expande sus conocimientos en la capital del imperio del arte clásico y diversifica aun más sus relaciones. Las estancias por Europa completarán su estilo creativo, inicialmente sobrio, neoclásico, figurativo, para añadirle un aire modernista —sobre todo por influencia francesa— que tampoco lo llevará nunca más allá de su innato estilo realista, acaso naturalista. Al tiempo evolucionará desde sus notables bajorrelieves, gran especialidad del artista, hasta la creación de sus primeras grandes esculturas, retratos de renombre que distinguirán Sevilla en sus calles y plazas. Susillo conformará en plena ciudad hispalense una muestra monumental y escultórica imprescindible, al alcance de cualquiera que quiera darse un simple paseo.

Doce esculturas a 2500 pesetas

El itinerario comienza en la Plaza de la Gavidia. En pleno centro histórico de la ciudad se levanta una talla en honor al capitán Luis Daoíz, fechada en el año 1889 aunque terminada bastante antes. El militar sevillano, mártir del levantamiento del 2 de mayo en Madrid, luce severo sobre un pedestal de mármol, la mirada firme al frente y una mano sobre la empuñadura. Se levanta sobre dos bajorrelieves de la Guerra de Independencia mientras toda la estructura está cercada por una bonita verja de bronce, adornada con cañones que homenajean el levantamiento. El de Daoíz sería el primer gran encargo de toda la serie de tallas que vendrían a continuación. Solo hace falta moverse 100 metros para llegar a la Plaza del Duque y dar con la siguiente escultura de Antonio Susillo. Diego Rodríguez de Silva y Velázquez sostiene su paleta y sus pinceles, también sobre una altura considerable, una edificación en columna que domina toda la plaza. La escultura es de 1892 y está abiertamente basada en la imagen de Velázquez recogida en Las meninas (1656), con el mismo Diego de gesto tranquilo y firme, los instrumentos de trabajo entre las manos y la banqueta dispuesta a los pies. Comparte protagonismo en la plaza con altas palmeras sembradas a los lados sobre suelo ajedrezado en el centro. Pero dejamos a Velázquez atrás aunque sea de momento. Ganamos la Plaza Nueva andando toda la calle Tetuán y enfilamos la Avenida de la Constitución hasta llegar a la Puerta de Jerez. Pasando el recién restaurado Hotel Alfonso XIII damos con el Palacio de San Telmo, actual sede de la Junta de Andalucía y antigua Escuela de Mareantes por mor de la transitada ruta de Indias.

Sobre la balaustrada de la puerta de coches figuran los doce Personajes ilustres sevillanos, singular encargo de los Duques de Montpensier –con los que, en efecto, Susillo mantenía relaciones desde hacía años— al escultor hispalense. La Duquesa Luisa Fernanda planteó la idea de inmortalizar algunas personalidades locales y ofreció 2500 pesetas por talla realizada. Antonio Susillo convino que serían 12, con cobro total de 30.000 pesetas, y cuando ambos cerraron el trabajo el artista colmó en algunos meses todas las expectativas. Era el año 1895. Tallaría otra vez a Daoíz y a Velázquez —aunque ya tuvieran presencia individualizada en la ciudad— al considerarlos imprescindibles en esta relación escultórica de personalidades, y añadió diez nombres más de gran parangón local. De derecha a izquierda miran Sevilla desde San Telmo Juan Martínez Montañés(1568-1649,) imaginero barroco y maestro de Juan de Mesa; Rodrigo Ponce de León(1443-1492), Duque de Cádiz y Capitán General de la reconquista de Granada; Diego de Velázquez (1599-1660), pintor extraordinario en la corte de los Austrias españoles; Miguel de Mañara (1627-1679), singular hidalgo filántropo y fundador del Hospital de la Caridad; Lope de Rueda(1510-1565), dramaturgo pionero de la comedia española con sus famosos pasos;Diego Ortiz de Zúñiga (1633-1680) historiador local de gran valor académico;Fernando de Herrera (1534-1597) poeta imprescindible del Siglo de Oro; Luis Daoíz(1767-1808), militar y héroe sublevado del 2 de mayo, caído en el parque de artillería de Monteleón; Benito Arias Montano (1527-1598), humanista y teólogo sevillano, consejero de Felipe II y actor del Concilio de Trento; Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682), máximo exponente de la escuela sevillana de pintura; Fernando Afán de Rivera (1583-1637), impulsor del Hospital de las Cinco Llagas y decisivo mecenas cultural en la ciudad; y Fray Bartolomé de las Casas(1474-1566), obispo cronista y defensor de los indígenas de ultramar. Las esculturas lucen ataviadas con signos distintivos que las caracterizan, de modo, por ejemplo, que Herrera aparece sosteniendo una lira, Daoíz empuña un sable en alto, Montañés sostiene la cabeza del Gran Poder –erróneamente atribuido a él— y Mañara lleva en brazos un niño que se abraza desvalido. Esta galería de personajessería, a la postre, la última obra que Antonio Susillo vería de pie antes de su muerte. Con apreturas le alcanzó para contemplar desde la calle Palos de la Frontera sus doce orgullosas estatuas.

Su obra no acaba ahí, por supuesto, pues contiene otros logros importantes como elMonumento a Colón (1891), ubicado en Valladolid y en un principio destinado a Cuba, el célebre Cristo de las Mieles (1880), del que sin duda hablaremos algo más adelante, la talla de Miguel de Mañara de los Jardines de la Caridad, fechado en 1896 y que no llegaría a ver en vida, o la restauración de la Virgen de la Amargura en 1893, concretamente de sus manos, tras el fatal incendio del palio de la hermandad a su paso por la Plaza de San Francisco aquella Semana Santa. Pero Susillo no son sus obras, o al menos no solo ellas le explican. Antonio Susillo es sobre todo el desenlace de su vida y la suerte que corrió tras su segundo matrimonio.

Las vías del tren

El amor de su vida fue su primera mujer,Antonia Huertas Zapata. Se casaron en Sevilla cuando él contaba 23 años y ella 19. Fue un matrimonio joven y esperanzador, pero la fatalidad se ensañó con ellos cuando Antonia falleció al año y medio por una tuberculosis. La tragedia del prometedor Susillo no afectaría decisivamente a su trabajo, incesante desde el principio, pero su vida sentimental sería cortada de raíz desde muy temprano. No volvería a casarse hasta 15 años después. Espiral creciente de trabajo o duelo sentimental de larga duración, seguramente un poco de ambas cosas, Antonio llevaría una vida reservada y discreta pese a las grandes oportunidades de las que disponía a su alrededor. En general, solo sacó partido para ganar encargos favorables en lo que respecta a su trabajo. Tampoco su carácter reservado y melancólico dejó traslucir demasiado de sus sentimientos, de las consecuencias de la muerte de Antonia, su amada esposa, que a buen seguro esculpió como gubia y cincel su aire ausente y fugaz de artista devoto.

En septiembre de 1895 Antonio Susillo contraería nupcias con una malagueña de nombre María Luisa Huelin. Son muchos los cronistas que señalan este segundo matrimonio como clave en el desenlace final de la vida de Susillo. María Luisa se reveló pronto como alguien déspota y arribista. Quiso sacar desde el principio el máximo partido posible a la posición ventajosa de su marido, artista muy conocido y mejor pagado. Lo presionaba para que trabajara más y por mejores cantidades, lo menguaba con tremendos gastos y peticiones e incluso menospreciaba su oficio llamándolo albañildespectivamente. María Luisa Huelin parecía una maldición, pues a todas luces ni amaba sinceramente a su esposo ni su vida estaba empeñada a nada que no fuera mejorar su posición social tanto como pudiera. Deliraba queriéndose igualar a gentes de gran nobleza como los de Alba o los Guzmán, incluso con los duques y las infantas de Sevilla.

Nada de esto pasó en balde. Antonio Susillo se volvió desdichado hasta que en algún momento perdió la cabeza, consumido por la presión profesional, la infelicidad de su matrimonio y su pertinaz melancolía. Tan solo contaban quince meses de sus nupcias recientes cuando, el 22 de diciembre de 1896, con solo 41 años de edad y en la temprana cumbre de su carrera, emprende el camino de las vías del tren de la Barqueta a San Jerónimo para arrojarse a la muerte. Es solsticio de invierno. Cuando llega al lugar planifica un suicidio imposible. Trata de echarse a los trenes pero no encuentra la manera y le asaltan los reparos. Quizá fuera mera cobardía, pero los biógrafos de Susillo afirman que en el último momento se reveló su instinto de escultor, no queriendo dejar un cuerpo destrozado y descompuesto, un busto despedazado. Opta entonces por pegarse un tiro, de abajo a arriba a ras de la barba, con la enorme sangre fría de elegir sobre la marcha la opción deseada. Lo hace sin más y nadie observa la escena. Lo encuentran esa noche como a un vagabundo cualquiera que ha pasado a mejor vida Dios sabe por qué, pero sus ropas revelan pronto que no se trata de cualquier desgraciado. Con terror comprobarán al día siguiente que Antonio Susillo se ha ido a plena voluntad, sin que nadie pudiera asimilarlo del todo, como pasa con todos los verdaderos suicidas.

La miel y las abejas

Cuando se marchó vinieron a llamarle el Bécquer de la escultura, por imprimir vital impulso a una escuela sevillana que no acababa de recuperarse desde el Barroco. Así se le honró desde entonces aunque su figura esté claramente eclipsada por otras siluetas más rotundas, nombres de más fortuna o mejor mimados por el tiempo. Es lo que ocurre, supongo, cuando tu trabajo insiste en inmortalizar mitos como Martínez Montañez, Velázquez, Murillo, Lope de Rueda o el Capitán Daoíz. Poco importa el imaginero cuando de sus manos sale el Misterio mismo o la Historia esculpida en piedra.

A Susillo lo enterraron el día 23 de diciembre de 1896 en el cementerio de San Fernando, justo un día antes de Nochebuena según sus cronistas más fiables. 




Se le pudo dar sepultura en suelo sacro aduciendo demencia en el momento de la muerte. En concreto, se le diagnosticó una neurosis depresiva, que supuestamente venía haciendo mella en la salud del escultor desde hacía años. La intercesión de sus poderosas amistades tuvo, sin duda, un papel decisivo para que la palabra suicidio fuera obviada con objeto de darle enterramiento católico. No obstante, la tumba de Susillo fue corriente y sencilla, digamos de circunstancias, y no tardaron en alzarse las voces que reclamaron un lugar de homenaje para que el escultor descansara con arreglo a sus logros. Fue una demanda que tardaría largo tiempo en ser escuchada, pues hasta finales de los años 20, por una razón o por otra, el ayuntamiento no comenzaría con los trámites para saldar el asunto. Asimismo, los trámites burocráticos fueron también muy lentos y no terminarían hasta diez años después, cuando por fin, a finales de los años 30, el arquitecto Antonio Delgado Roig pudo proyectar el monumento. Se quiso construir un pequeño mausoleo en el cementerio de San Fernando, justo en su rotonda de entrada Consistía, en palabras del catedrático Joaquín Manuel Álvarez Cruz, en “un pequeño osario excavado en la base del pétreo calvario (…) y sobre el que se dispuso en 1904 el Crucificado, obra de Antonio Susillo”.

El Cristo mencionado es, en efecto, el Cristo de las Mieles, obra del propio escultor, que sería colocado justo arriba del mausoleo,como imagen de cabecera del promontorio. La historia del suculento nombre de este crucificado proviene de fechas muy próximas al entierro definitivo y es una anécdota bien curiosa. Poco después del traslado del cadáver, en abril de 1940, los visitantes del cementerio de San Fernando observaron maravillados como del rostro del crucificado parecía brotar pura miel. Seguidores de Susillo y sobre todo devotos de la imagen no tardaron en proclamar la naturaleza milagrosa del fenómeno, a buen seguro extraordinario, pero los ojos más observadores advirtieron lo que estaba ocurriendo. Al parecer, las muchas abejas que habitaban el cementerio habían construido varios panales justo en lo alto de la imagen, en algunos recovecos y lugares propicios. Cuando llegó la primavera, que coincidió con la terminación del mausoleo y con el traslado del cuerpo, el Cristo lució miel como si de él manara el jugoso manjar, por lo que desde entonces sería llamado en toda la ciudad como el Cristo de las Mieles. Sería, sin duda, un episodio añadido con el que decorar la fecunda leyenda del escultor.


Dos cartas

La historia de Antonio Susillo es extraordinaria porque desafía al tiempo y a los logros. Si fue tan precoz es, sobre todo, porque en apenas quince años de carrera —no se dedicó de lleno a su profesión hasta los 25 años y murió a los 41— revitalizó por completo el panorama artístico de la ciudad. Se le considera redentor de la escultura sevillana por sacarla del vacío después de 200 años desde la desaparición de los grandes autores del Barroco. Y por si fuera poco su vida fue exitosa casi desde el principio, rodeándose de los más altos mecenas, viajando por las cunas del arte europeas, sirviendo encargos a los más ilustres demandantes y recibiendo honores de todo personaje importante, todo ello con una insultante juventud y unas formas inspiradoras. A los 30 años se le otorgó la Encomienda de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, y a los 32, nada menos, es nombrado académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría. Pero Susillo también tendría prisa por marcharse. El lado sombrío de una vida de gran esplendor es la historia de su melancolía, de sus amores y matrimonios, de su íntimo sentir desafecto dentro de una vida de palacio y de interés. Supo elegir bien y forjar una obra de grandes méritos, pero la infelicidad le asaltó sin remedio, acabando por la fuerza con una carrera de infinita proyección.

¿Fueron sus sentimientos lo que le traicionaron, fue la muerte de su primera mujer, la mezquindad de su segunda, la presión profesional del escultor de cabecera de media aristocracia española? ¿Fue, como marcan los mitos, la autodestructiva personalidad de los artistas? Antonio Susillo pareció una modesta mezcla de todo eso. Tranquilo, capaz, aventajado. Nunca tuvo una vida desordenada pero sí se vio sometido al feroz escrutinio de su éxito. Así lo revelan sus últimas notas, que son de pura angustia postrera. Cuando lo encontraron malogrado cerca de las vías del tren, a la altura del Departamento Anatómico, llevaba dos cartas escritas por él mismo, prueba de su total premeditación. En la primera decía claramente: “Al Sr Juez: Me mato yo. Mi mujer, Dª María Luisa Huelin, es mi única heredera”. La segunda nota, hallada también entre sus ropas moribundas, estaba dedicada a ella, su segunda esposa, acaso el motivo de su locura: “Perdóname, María de mi alma. Me he convencido de que mi carrera no produce para ganar la vida. Adiós, mi vida”.En realidad, Susillo murió con un patrimonio de más de 500.000 pesetas de la época.

José María de Mena. 

Estas son entre otras, algunas de las grandes obras de Susillo: 

Capitán Daoiz (Plaza de la Gavidia).



Velázquez (Plaza del Duque)


Monumento a Colon (Valladolid).



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sábado, 30 de noviembre de 2013

#TalDíaComoHoy Doña María Coronel

Tal día como hoy, 2 de Diciembre de 2013, 
se cumplen 604 años de la muerte de María Fernández  Coronel, fundadora del Convento de Santa Inés, en Sevilla.

                             


Aunque el Convento fuese terminado por Fernando de Antequera,
 fue María F. Coronel quien fundase el mismo en 1376.
El Convento se sitúa junto a la Parroquia de San Pedro,
 en la casa que  fuese de sus padres.

Pedro I concedió la construcción del Convento debido a su terrible 
arrepentimiento causado por el atentado que  Dña. María se cometió así misma.
El trágico suceso ocurrió en la cocina del Monasterio de Santa Clara
tras arrojarse un jarro de aceite hirviendo en el rostro, para que así Pedro I
la dejase vivir en armonía y sin el objetivo amoroso que el rey tenía fijado en ella.




Tiempo antes, ya había buscado refugio en la Ermita de San Blas,
 aunque no tuvo que encontrar la paz buscada, 
ya que al poco tiempo decidió ingresar en Santa Clara.
Desde la muerte de su marido, Don Juan de la Cerda
(encarcelado y decapitado por órdenes de Pedro I de Castilla)
Dña. María buscó retiro para lamentar sus penas y dedicarse a la vida espiritual.





  *Convento de Santa Inés, Calle Doña María Coronel



*Todos los 2 de Diciembre se expone el cuerpo incorrupto de
Doña María Coronel para ser venerada*





Fotos: Patrim. Hist. Sevillapedia  y @ArteSacro