domingo, 17 de mayo de 2015
Cernuda estaba equivocado [Carta de Luis Cernuda]
Así dejo escrito el poeta Luis Cernuda su agradecimiento que nunca imaginó tener que plasmar.
A muy su pesar orgulloso, Cernuda vivía en constante batalla moral e incluso sentimental con los de su época por el rechazo literario sufrido en presente, pero muy reconocido en su futuro...
Tal es así, que mereció el famoso "A mis paisanos" donde deja su personal testamento con el mundo. No podemos olvidar pues, su "Desolación de la Quimera" donde agradece a quién debía y atiza a quienes tenía deudas morales pendientes con el poeta.
Pero como decía, Cernuda estaba equivocado y la posteridad se apiadaría de él y engrandecerían sus poemas. Esos cuarenta años de escritura real y moral del poeta serían reconocidos por los más grandes cuando él ya no estuvo. Si en algo estuvo directo y acertado es cuando habla sobre el orgullo de esta ciudad y el de sus paisanos. La ciudad donde nada es como parece, la ciudad que es mejor soñar que vivir.
jueves, 18 de diciembre de 2014
"A un poeta muerto"
jueves, 13 de noviembre de 2014
Otoño...
Encanto de tus otoños infantiles, seducción de una época del año que es la tuya, porqué en ella has nacido. La atmosfera del verano, densa hasta entonces se aligeraba y adquiría una acuidad a través de la cual los sonidos eran casi dolorosos, punzando la carne como la espina de una flor. Caían las primeras lluvias a primeros de septiembre, anunciándolas el trueno y el súbito nublarse del cielo, con un chocar acerado de aguas libres contra prisiones de cristal. La voz de la madre decía: “Que descorran la vela”, y tras aquél quejido agudo (semejante al de las golondrinas cuando revolaban por el cielo azul sobre el patio), que levantaba el toldo al plegarse en los alambres de donde colgaba, la lluvia entraba dentro de la casa, moviendo ligera sus pies de plata con rumor rítmico sobre las losas de mármol. De las hojas mojadas, de la tierra húmeda, brotaba entonces un aroma delicioso , y el agua de la lluvia recogida en el hueco de tu mano tenía el sabor de aquel aroma , siendo tal la sustancia de donde aquél emanaba, oscuro y penetrante, como el de un pétalo ajado de magnolia. Te parecía volver a una dulce costumbre desde lo extraño y distante, Y por la noche, ya en la cama, encogías tu cuerpo, sintiéndolo joven, ligero y puro, en torno de tu alma, fundido con ella, hecho alma también él mismo.
Cernuda.